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Isabel de Obaldía: luz, memoria y arqueología

Entre la luz y el vidrio se dirime una pugna de inevitables visos cosmogónicos.1 Inasible e incolora, la luz es esencialmente lo que se escapa. La invención del vidrio supuso acaso su primer sometimiento al mundo de la forma, la entrada del tiempo en la historia. Es imposible no escuchar en la conocida afirmación de Bertil Vallien—“el vidrio devora luz”—el eco de las transgresiones primigenias: Prometeo robando el fuego, Tántalo, el néctar de los dioses. Quizá debido a esta silenciosa pugna, la escultura en vidrio a partir de la segunda mitad del siglo XX manifestó a menudo un interés por los orígenes: reflexión fundamental sobre las dinámicas de la luz o la naturaleza del tiempo. En particular, la técnica del vaciado en arena, tal como fuera desarrollada por el propio Vallien, ha manifestado una particular vocación por la recuperación del pasado; recuperación “arqueológica” que no sólo re-imagina el artefacto primitivo, sino también el instante de su salida (entrada) a la luz.

Metates, Isabel de Obaldía.

La obra reciente de la pintora y escultora panameña Isabel de Obaldía (Washington DC, 1957) retoma esta vocación micro-arqueológica del vaciado en vidrio para recrear el arte precolombino. La exposición “Metates”, en la galería del Upper East Side, reúne una serie de esculturas inspiradas en los conocidos metates de piedra volcánica procedentes de las provincias de Chiriquí y Veraguas de Panamá, cuyas grandes dimensiones y formas eminentemente estilizadas sugieren un antiguo uso ritual. Como los metates precolombinos, las piezas de De Obaldía exhiben pronunciadas formas animales, que en ocasiones remiten a las convenciones figurativas del estilo Veraguas pero las más de las veces acusan una exploración formal más libre, en la estela del primitivismo modernista. Cuando las piezas rompen con la horizontalidad recta—dictada por la superficie del metate—, como sucede en “Smilling Crocodiles” o “Small Anteaters”, la curvatura da pie a una gestualidad monumental, cargada de pathos, que recuerda el modernismo mesoamericano de un Rufino Tamayo.

En este sentido, “Metates” participa de una preocupación constante de Isabel de Obaldía, ampliamente ilustrada en la retrospectiva dedicada a su obra en 2012, por rehabilitar el “momento primitivo” del arte moderno.2 En su obra, esta rehabilitación se concibe no sólo como el imperativo político y estético de renegociar la convivencia del arte latinoamericano con las tradiciones figurativas no occidentales que comparten su espacio vital, sino también como el imperativo moral de integrar la lección de la forma en un paisaje íntimo de infancia —el entorno natural y cultural que marcó la vida de la artista panameña.3 En “Metates”, los artefactos precolombinos y su deconstrucción modernista se funden con los colores y texturas de la tierra; su venir a la luz no ocurre en el espacio abstracto de un lienzo, sino desde los fondos pedregosos del suelo.

Metates, Isabel de Obaldía.

Y es que los metates de De Obaldía llevan una doble vida o, si se quiere, nos deparan una sorpresa: son esculturas para ser vistas a distancia, pero también son pozos en los que es posible asomarse. El dorso de los metates consiste en una superficie bruñida que permite ver el interior de las piezas. Usando con maestría el repertorio técnico desarrollado por Bertil Vallien, De Obaldía inserta en el vidrio fundido diversos tipo de pigmentos, arenas y figuras de rostros y insectos, que aunados a las irregularidades del vidrio someten la luz a una dinámica pictórica y cromática de gran riqueza. Así, la superficie terrosa e irregular de las piezas vistas a distancia da paso a un espacio de gran riqueza cromática; lo que se nos revela, en el dorso refulgente de los metates, es una profundidad que ya no es arqueológica, sino que pertenece propiamente al orden sensorial y lírico de memoria. Pues si bien el exterior de sus piezas se encuentra siempre expuesto a los embates del tiempo—y por tanto nos remite al vestigio—, en su interior, el tiempo se encuentra detenido: una particular disposición de los pigmentos, el aire atrapado en burbujas… En el vientre del vestigio palpita el instante, permanentemente actual y disponible.

Metates, Isabel de Obaldía.

Esta tensión característica entre superficie escultórica y profundidad pictórica traduce la íntima relación que el vaciado en arena guarda con el tiempo. Muchos escultores en vidrio han sacado provecho de esta suerte de potencial rememorativo de la técnica, orientándolo a diversos derroteros. Así, por ejemplo, encontramos las variaciones sobre la escultura clásica de Janus Walentynowicz, las piezas de inspiración africana e indígena de Clifford Rainey, o el aprovechamiento de motivos escandinavos en la obra de Bertil Vallien. En el caso de De Obaldía, la artista panameña reconduce esta tensión hacia la posibilidad de una recuperación no historicista del arte precolombino, no sólo cuestionando su estatus de vestigio, peso muerto sólo susceptible de ser museificado, sino también insertándolo e una dinámica dictada por la imaginación y la memoria.

Los “Metates” expuestos en la galería Mary-Anne Martin demuestran la maestría técnica y la consistencia de la investigación estética que la escultora panameña realiza desde hace más de dos décadas, y la confirman como una de las exponentes más destacadas de la escultura en vidrio en las Américas.

  1. Mary-Anne Martin Fine Art, 2014. Publicado en ArtNexus 92, Mar-May 2014. 

  2. “Primordial: Pintura y escultura de Isabel de Obaldía”, Sep 25 - Mayo 27, 2012, Museum of Art, Fort Lauderdale, Nova Southeastern University. 

  3. “De niña, De Obaldía pasó mucho tiempo en el estudio del pintor Guillermo Trujillo rodeada de cerámica precolombina y obras en piedrade Centroamérica, así como junto a las tallas chamánicas en madera de los Chiriquí conocidas como nuchos” (“Emisarios de los ámbitos primordiales”, Susan L. Aberth, en Obaldía, I. D., Alberth, S. L., & Sullivan, E. J. (2011). Primordial: pintura y escultura de Isabel de Obaldía. Fort Lauderdale. 

Colophon CC BY-SA 2019